Instituciones, Divergencia y Percepciones: Una Reflexión Necesaria Desde un MBA Internacional

 





Instituciones, Divergencia y Percepciones: Una Reflexión Necesaria Desde un MBA Internacional

El capítulo 3 de Por qué fracasan los países, de Daron Acemoglu y James Robinson, explica por qué sociedades con orígenes similares terminan siguiendo trayectorias completamente distintas. La clave, afirman los autores, no está en la cultura ni en diferencias innatas, sino en la capacidad o incapacidad de las instituciones para abrir oportunidades, distribuir el poder y facilitar la movilidad social. La historia demuestra que cuando las instituciones se cierran sobre sí mismas, el progreso se frena; cuando se abren, las naciones avanzan.

Esa teoría, que parece un análisis macro de largo plazo, encuentra eco en escenarios mucho más cercanos. Incluso dentro de un programa de MBA. Y es importante decirlo sin dramatismo, sin victimismo y sin complejos: lo que sucede en las aulas refleja las mismas dinámicas institucionales que moldean el desarrollo de un país.


La inversión pública: estrategia, no caridad

En los últimos meses, surgieron comentarios dentro del grupo del MBA respecto a que los estudiantes dominicanos becados “no eran el tipo de personas con quienes algunos esperaban relacionarse”. Esa percepción ignora un hecho esencial: la presencia de ese grupo no es un accidente social, sino el resultado de una decisión institucional estratégica del Estado Dominicano.

Solo en colegiatura, la inversión asciende a más de 300,000 dólares estadounidenses, y en consumo colectivo renta, servicios, bienes básicos circulan más de 300,000 dólares adicionales (aprox siendo muy conservadora y considerando solo el grupo MBA en ingresó en 2024), en la economía local. No se trata de una dádiva ni de una limosna. La educación financiada por el Estado es, por definición, una política pública de desarrollo.

Los bienes públicos pertenecen a todos, y su función es ampliar horizontes, no perpetuar jerarquías.

Llamar “caridad” a lo que es, en realidad, una estrategia nacional de movilidad social revela más sobre los prejuicios del observador que sobre la naturaleza del programa.


Instituciones que abren puertas vs. instituciones que extraen valor

El capítulo 3 recuerda que las instituciones inclusivas fomentan la innovación, la competencia y la movilidad; las extractivas, en cambio, concentran poder y oportunidades en manos de quienes ya las tienen.
Esa distinción es útil para examinar el rol de la universidad.

La Anáhuac quizás sin intención explícita ha roto su propio protocolo de matriculación y ha terminado operando bajo una lógica más extractiva que inclusiva. Recibe una inversión enorme por parte de un gobierno extranjero, pero no construye mecanismos para integrar a esos estudiantes a redes laborales, prácticas profesionales u oportunidades reales dentro del mercado mexicano.
Ese vacío institucional no solo limita el potencial transformador del programa, sino que profundiza las brechas que, teóricamente, un MBA debería ayudar a cerrar.

No es un problema de maldad; es un problema de diseño. Obvio, quien ha diseñado el programa no es parte de la realidad que viven los estudiantes.   Tampoco ha de ser su problema.
Las omisiones también son decisiones, y cuando las instituciones no se alinean con la movilidad social, refuerzan desigualdades que ya existen.


La verdadera pregunta: ¿quién merece estar aquí?

El análisis de Acemoglu desmonta la idea de que ciertos grupos “encajan” y otros no. Las sociedades progresan cuando nuevos actores participan plenamente en la vida económica, política y académica.
La movilidad no es un privilegio social: es un indicador de desarrollo.

Por eso, el debate no debería centrarse en si los becados “se ajustan” al perfil esperado del grupo.
La pregunta correcta es otra:
¿Queremos instituciones que reproduzcan desigualdades o instituciones que expandan el acceso al progreso?

La inversión del Estado Dominicano masiva, clara y estratégica no solo beneficia a sus propios ciudadanos. Aporta al ecosistema académico, a la economía local y al entorno multicultural del programa. Esa diversidad no es un estorbo: es un activo.


Una invitación a mirar más lejos

El capítulo 3 deja una lección que aplica tanto a países como a instituciones educativas:
el progreso no se produce cuando las élites se protegen, sino cuando se abren nuevas oportunidades para quienes históricamente han estado fuera del círculo.

La presencia de estudiantes dominicanos becados no es una anomalía.
Es evidencia de que una nación decidió invertir en su gente.
Es prueba de que la movilidad social aún es posible.
Y es, sobre todo, un recordatorio de que los prejuicios individuales nunca deben tener más peso que la visión colectiva de un país que apuesta por su propio desarrollo.

A fin de cuentas, no creo que ni en este grupo, ni en los demás, haya nadie tan insignificante que no tenga nada que aportar.  Ni nadie tan excepcional, como para estar por encima del resto.  

Si algo deja claro la teoría de este libro es que ningún grupo progresa por la suma de sus talentos individuales, si no por la capacidad para convertir diferencias iniciales en complementariedad, y no en fragmentación.   Si no somos conscientes de la institución que estamos formando juntos, esta evolucionará igual, pero sin dirección. 

Y es justo ahí donde conecta el capítulo 4:

ningún éxito ocurre de manera aislada y ningún retroceso es producto del azar.
Las instituciones desde un país hasta un grupo de MBA se moldean en momentos como este, en las coyunturas críticas donde se decide si se construye inclusión o se profundiza la desigualdad.

Lo que hagamos ahora determinará si salimos de esta experiencia como profesionales dispersos o como una red capaz de generar oportunidades que ninguno alcanzaría por su propia cuenta.



                                                                                                                                                                                                                                                                                     Escrito por: Yisel Mercado 

                                                                                                                  




Comentarios

  1. Me gustó mucho este escrito. Pero como dicen por ahí ,los dominicanos somos muy resilientes y no le vamos a bajar hasta lograr nuestro objetivo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario